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Tos ferina, la importancia de vacunar a los papás

La tos ferina, pese a lo que se pueda creer, no es una enfermedad del pasado. El número de recién nacidos infectados ha aumentado debido a la escasa inmunización de los adultos que les rodean. Por ello, los especialistas médicos insisten en la importancia de vacunar a los padres en la propia unidad de maternidad.

Tos ferina: la vacunación de los padres
© Thinkstock

Inquietos ante el incremento de los casos de tos ferina, responsable de la muerte de muchos recién nacidos, los médicos alertan de la importancia de que los adultos actualicen sus vacunas contra esta enfermedad respiratoria. Una iniciativa llevada a cabo por el hospital CHU de Angers, Francia, muestra el interés de sensibilizar a madres y padres durante su estancia en la unidad de maternidad.

Una enfermedad extremadamente contagiosa y mortal

La tos ferina es una enfermedad respiratoria muy contagiosa, causada por una bacteria conocida como Bordetella pertussis. Se transmite, principalmente, mediante el contacto con personas enfermas, que al toser o estornudar diseminan las bacterias. Su forma típica, que se observa sobre todo en niños y adolescentes, se caracteriza por accesos de tos nocturna a menudo acompañados de opresión en el pecho y silbidos. Es esta característica la que da nombre a la enfermedad.

En el adulto, sin embargo, la tos ferina puede pasar inadvertida, manifestándose a través de una tos común que puede cronificarse y que en escasas ocasiones empuja a la persona a consultar. Por este motivo, la enfermedad queda sin diagnosticar, lo que contribuye a que el paciente transmita la enfermedad sin saberlo. Se estima que un tercio de los adultos con tos crónica e inexplicable después de siete días padece tos ferina.

El problema radica en lo contagioso de la enfermedad: una persona que la sufre puede infectar a otras 27 (alguien con gripe sólo la transmite a dos).
Su gravedad responde, sobre todo, a las complicaciones que conlleva (bronconeumopatía, bradicardia, apneas y complicaciones neurológicas como crisis convulsivas y encefalopatías) y al riesgo de mortalidad.

Los recién nacidos no vacunados que no están protegidos por los anticuerpos maternos son los más vulnerables a una enfermedad que, según la Red Nacional de Vigilancia (RENAVE), dependiente del Ministerio de Sanidad, constituye un importante problema de salud pública en el mundo. “La bacteria causa entre 20 y 40 millones de casos al año y se estima que es responsable de 200.000 a 400.000 muertes anuales. Sin embargo, la tasa de letalidad en los niños no protegidos por la vacuna es inferior al 1% en los países industrializados”.

Vacunación de los adultos

La protección de los recién nacidos pasa por vacunar a los adultos que les rodean (padres, abuelos, profesionales de la salud, cuidadores) y a sus hermanos mayores. La mayoría de las personas han recibido la vacuna en su infancia, pero dado que la protección no dura toda la vida, los refuerzos se vuelven primordiales.

La vacuna contra la tos ferina, combinada con los toxoides diftérico y tetánico (DTP), se incluyó en el calendario de vacunación infantil en 1965, lo que produjo una importante reducción de la incidencia y la mortalidad por esta enfermedad. Según un informe de RENAVE, “entre 1975 y 1995 se administraron tres dosis de vacuna a los 3, 5 y 7 meses de edad. En el año 1996 se incluyó una cuarta dosis en el calendario vacunal nacional a los 15-18 meses de edad; para las tres primeras dosis se estableció el intervalo de administración de los 2-3, 4-5 y 6-7 meses, respectivamente según cada Comunidad Autónoma. En el año 2001 se incluyó una quinta dosis de vacuna a los 4-6 años, pudiendo utilizarse la vacuna con el componente de la tos ferina o sin él. En 2005, finalmente, se hizo una nueva modificación del calendario, en el que se incorporó el componente acelular de la tos ferina en todas las dosis que se administran: 4 de DTPa a los 2, 4, 6 y 15-18 meses de edad y una quinta dosis, con DTPa o DT a los 4-6 años”.

En cualquier caso, pasados los 30 años de edad, basta con asegurarse de que se ha recibido la vacuna en los últimos 10 años, ya que pasado este periodo la vacuna deja de proteger.

Las autoridades alertan de que si bien la mayoría de los bebés reciben las vacunas y las dosis recomendadas, la vigilancia desciende en los adolescentes y adultos. La desprotección de éstos últimos conlleva consecuencias graves, principalmente la posibilidad de contagiar a sus propios hijos. Es igualmente importante que las mujeres embarazadas hayan recibido la vacuna, lo cual no siempre sucede.

La eficacia de las campañas de información

En el hospital CHU de Angers, Francia, el doctor Leboucher y sus colegas empezaron a desarrollar, en 2006, una estrategia que combina información escrita y oral sobre la gravedad de la tos ferina con la administración de la vacuna a las madres durante su estancia en la unidad de maternidad. Los resultados han sido muy positivos: un 70% de las madres y un 62,4% de los padres han sido vacunados, la mayoría dentro del primer mes desde la salida del hospital. Esta y otras iniciativas han ayudado a reducir la prevalencia de la enfermedad, que se ha reducido en un 84% en los bebés menores de seis meses, se congratula Laboucher.

Muchos hospitales franceses han decidido adoptar iniciativas similares. Sin embargo, para erradicar la tos ferina, un objetivo posible si más del 90% de la población de un país recibe la vacuna, es necesario multiplicar tanto la cantidad como los canales de información. Laboucher hace un llamamiento para que médicos generalistas, matronas y ginecólogos, “menos implicados de lo que sería deseable” –dice– redoblen la vigilancia y recetan la vacuna. Sin su colaboración, el objetivo de acabar con la tos ferina será una utopía, concluye el doctor.

A. Pelletier

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25/09/2012

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